


La guerra de Trump contra la droga llega al Caribe con fuerza naval y aérea
Lisbeth PinerosEstados Unidos ha iniciado un amplio despliegue militar en aguas de Latinoamérica y el Caribe para golpear con fuerza a los carteles de la droga.
Más de 4.000 efectivos, en su mayoría infantes de Marina, junto a destructores, aviones de reconocimiento P8 Poseidon, un submarino nuclear y un buque de guerra con misiles, ya patrullan la región. La misión no solo busca interceptar cargamentos ilegales, sino también enviar un mensaje claro a los criminales: la era de la tolerancia se acabó.
Fuentes del Pentágono califican la operación como una “muestra de fuerza” destinada a disuadir a las redes criminales antes de que alcancen las costas estadounidenses. Aunque algunos críticos cuestionan que los marines carezcan de entrenamiento específico en lucha antidroga, el presidente Donald Trump ha dejado claro que la seguridad nacional exige usar todos los recursos disponibles, incluyendo las fuerzas armadas, para sellar fronteras y frenar el narcotráfico.
Este cambio de enfoque rompe con la dependencia exclusiva de agencias como la DEA, colocando a los militares en primera línea contra el crimen organizado transnacional. Para la Administración Trump, proteger la patria significa cerrar la puerta a las drogas, el tráfico de personas y la inmigración ilegal. La operación en el Caribe y Latinoamérica es vista por sus defensores como un paso firme hacia la recuperación de la soberanía y el restablecimiento del orden frente a amenazas que, por años, han minado la seguridad de Estados Unidos.






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